sábado, 30 de abril de 2016

Obsidiana, la piedra sagrada





Con el inicio de los primeros pobladores de la Tierra, hace mas de 33,000 años, aparece la obsidiana como una piedra que ayuda al hombre para la sobre vivencia, el desarrollo de las culturas y como guía espiritual de los pueblos.
Somos afortunados que es en nuestro país: México, que esta piedra cobra la máxima importancia de su existencia en este planeta, ya que es a partir de las primeras culturas indígenas que ella ya aparece como instrumento de apoyo para la cacería y captura de animales para la alimentación, la fabricación de instrumentos de defensa de los pueblos en las luchas y guerras, como instrumento estético para cortar el cabello, las telas, para la preparación de los alimentos, como instrumento de ornato y decoración, para la curación y las cirugías que se practicaban en el cuerpo humano y también como instrumento ritual de poder.
Tanto la cultura teotihuacana, como la mexica y la maya, se estructuraron en función a la existencia de la obsidiana, ya que estas demandaban enorme volúmenes que requerían las sociedades, que entre mas desarrolladas mayor extracción, distribución, redistribución y utilización implicaron para esta magna piedra, que permitió su desarrollo a partir de actividades organizativas mayores, conocimientos especializados y una serie de concepciones mágico-religiosas.

 Hoy, la obsidiana, por su extensa presencia en la historia de la humanidad, su indescriptible profundidad, su negra penetración y su oculta mirada nos acompaña en esta trascendente indagación que surge de nuestro ser: el trabajo del interior.
La obsidiana es una piedra psíquica, ella nos puede mostrar aquellos aspectos ignorados, rechazados, negados y reprimidos por aquellas experiencias negativas y difíciles de admitir y que se guardan en esa profundidad negra de nuestro ser. Ella nos ayuda a penetrar en ese oscuro existir, donde con su negrura, nos enseña a ver la luz, donde con su profundidad nos permite llegar a dimensiones nunca alcanzadas desde nuestro ser, donde su capacidad de penetración llega a transformar aquellos contenidos rechazados de nuestra psique en sabiduría; “porque para poder subir, primero hay que bajar”.
Para lograr la completitud del ser, primero debemos reconocer nuestras partes rechazadas, ya que como Jung citara: “Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino atendiendo a las partes difíciles, rechazadas, negadas que residen en nuestro interior”. Esas partes que lejos de abrazar la sombra, alejan los demonios de nuestro interior, rechazan la muerte de nuestra existencia y niegan la enfermedad, que bien puede ser nuestra guía desde el interior hacia el crecimiento. Esos demonios… residen en nuestro ser, donde aquellas culturas antiguas nuestras veneraban por ser también parte de nuestra divinidad, y las representaban a través de las figuras de las deidades mencionadas anteriormente.

 
La obsidiana juega un papel de trascendencia sin igual ya que es el camino a nuestra verdad. Es la energía que nos habilita de una forma segura, resguardada a través del rayo azul de protección del Arcángel Miguel y que se hace conciente para ver todas las partes rechazadas, o incluso talentos ocultos que residen en nuestro inconsciente y que para avanzar en nuestra vida han de emerger.
Abramos la totalidad de nuestro ser a una visión interior conciente, con la ayuda de la obsidiana, para liberar todos esos miedos, temores, horrores y demonios que habitan en ese interior desconocido nuestro, donde con la guía de esta piedra sagrada podemos lograr encontrar nuestro camino de la verdad.

Rachel Portman - SNOW FLOWER AND THE SECRET FAN (2011) - Soundtrack Suite

David Schombert - Lagoon

"Remember" by Omkara

viernes, 29 de abril de 2016

Eleonora di













Todo vuelve a la nada

Inexplicablemente sucede.Cuando menos te lo esperas.

Por una razón que nunca puedes saber. En un momento estás esforzándote, pensando, imaginando, y luego, en un abrir y cerrar de ojos, todo desaparece. La lucha desaparece. El esfuerzo desaparece. La persona desaparece. El mundo desaparece. Todo desaparece, y la persona es como un punto de luz que simplemente se desvanece hasta que desaparece. Y no hay nadie ahí para presenciarlo. La persona se ha ido. Sólo, sólo queda la conciencia. Nada más. No hay nadie que sea consciente. No hay nada de lo que ser consciente. Sólo eso permanece. Entonces, finalmente y simplemente, se comprende.

Entonces se ve que todo ―toda la lucha, todo el esfuerzo, todo el pensar, todo el imaginar, toda la entrega, todo el dejar ir, todo el acaparar, toda la oración, toda la mendicidad, toda la maldición, también― era sólo una distracción. Y sólo entonces se ve que la persona era, es, y siempre será nada más que un pensamiento. Con un solo pensamiento, la persona parece resurgir. Con más pensamientos, el mundo parece resurgir de la nada. Pero ahora lo sabes.

La encarnación no es más que un pensamiento. Un millar de encarnaciones no son más que un millar de pensamientos. Y este asombroso milagro de un espejismo que llamamos el mundo reaparece tal como era antes, pero ahora lo sabes. Es por eso que a menudo sueltas una gran carcajada, porque te das cuenta de que todas tus luchas fueron inventadas. Las conjuraste de la nada ―con un pensamiento que estaba vinculado a otro pensamiento, que entonces creíste, que se unía con otro pensamiento que entonces creíste. Pero nunca podría haber sido verdad, ni por un segundo pudo haber existido en realidad. Nunca podrías haber sufrido realmente por una razón que fuera cierta ―sólo a través de la imaginación, buena, mala, indiferente. Las complejidades de la filosofías y teologías espirituales son sólo un pensamiento dentro del Vacío.

Y así hablamos a veces, y yo finjo que me tomo en serio tus luchas, así como fingía tomarme en serio las mías. Puedes fingir que te tomas en serio tus propias luchas de vez en cuando, y aunque lo finjamos, en realidad no hay que olvidar que estamos fingiendo, que estamos inventando el contenido de nuestra experiencia; estamos inventando los pequeños dramas de nuestras vidas. Estamos inventando si tenemos que apegarnos o entregarnos o entender o rezar a Dios o purificarnos o estar libres de karma ―todo es un pensamiento. Acabamos de confabularnos con esta farsa ridícula de una ilusión que finge que es real, sólo para descubrir que no lo es. No hay karma. No hay nada realmente que purificar. No hay ningún problema. Sólo hay lo que tú creas y crees que es así. ¡Y si te gusta que sea así, proyéctalo!

Pero no podemos continuar con esta absoluta farsa indefinidamente. No podemos seguir fingiendo este juego que jugamos, indefinidamente. Es imposible. Todo vuelve a la nada.

Y entonces es un poco más difícil mantener el rostro serio constantemente durante el resto de tu vida.



Transcripción de una charla en Pacific Grove, CA, 9 de junio de 2006.
Fuente: Adyashanti.org